Inspiraciones

La escuela y la sociedad

Autor: Sole González

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Imagen El roto, El Pais.

Ha surgido un caso de acoso en el colegio al que asisten mis hijos, del cual parece que he sido el primer adulto en tener conocimiento.  Hay diferentes tipos de niños víctimas de acoso. En este caso, como en la mayoría, la niña que sufre el maltrato está victimizada en más de un aspecto. No la avalan ni sus resultados escolares, ni su personalidad, ni su familia, ni su entorno socioeconómico. En la escuela, a pesar de lo que hemos avanzado, difícilmente se tienen en cuenta las diferencias más allá de las puramente académicas entre las circunstancias de unos niños y otros. Se mandan deberes para hacer en unas casas que disponen de bibliografía y adultos con formación y tiempo suficiente como para ayudar (mejor orientar) y los mismos a otras casas en las que los padres no tienen tiempo, ni probablemente recursos intelectuales para hacerlo. No hablo de “hacer los deberes del niño”, hablo de molestarse por ver si los ha hecho o no, si tiene alguna dificultad o hay algo que no comprende. Tampoco se tienen en cuenta muchas veces la distinta sensibilidad de las diferentes familias con los problemas escolares.

Pero siendo todo esto causa de diferencias en el éxito académico (que a estas edades es casi sinónimo de éxito personal) es en mayor medida causa de diferencias en el éxito social dentro de la comunidad escolar. No todos los niños son medidos por el mismo rasero por los profesores. Las faltas no tienen la misma consideración si lo hace “la niña buena” o “la niña menos buena”. Es más, si hay que elegir a la hora de repartir justicia, siempre se va a llevar la menos buena la peor parte. Y a medida que la niña menos buena se va poniendo nerviosa al percibir que su esfuerzo no es tenido en cuenta, que no tiene en su casa el soporte que necesita, que es víctima de los compañeros y de decisiones injustas del profesorado y otros estamentos de la vida escolar, va tomando decisiones cada vez más equivocadas, que la alejan en progresión geométrica de aquello que deseraría ser: una persona aceptada por sus iguales y sus adultos de referencia. El niño o niña líder normalmente tiene un prestigio entre sus compañeros procedente casi siempre de actos divertidos pero no demasiado éticos, o tiene unas cualidades de manipulación (“si no haces esto no soy tu amigo”) trabajadas desde bien pequeños, que le han permitido reunir a su alrededor un grupo de acólitos que le reirán cualquier gracia que se le ocurra y se prestarán a ser la mano ejecutora de su voluntad, quedando este niño o niña líder, limpio de cara al profesorado. Más peligroso que el grupo de acólitos es el grupo de niños que para no caer en desgracia miran hacia otro lado en este tipo de actos.

Pero la cosa no queda en el nivel infantil del colegio. Observando este caso concreto, me doy cuenta que también hay familias de primera y familias de segunda. Hay familias mejor consideradas dentro de la escuela, porque tienen el tiempo y la sensibilidad necesarias para participar de la comunidad escolar y otras que no. Pero dentro de la pequeña sociedad que constituímos las madres (y digo madres porque seguimos siendo las que con mucha diferencia más implicadas estamos en la vida escolar) se repite el modelo infantil: hay madres-líder, cuyas ideas y opiniones no se cuestionan por la mayoría. Que tienen una corte de madres-acólitas que forman parte de la élite familiar escolar. Y más peligrosas aún, las madres que no harán nada que las pueda hacer caer en desgracia con la “lideresa”, como por ejemplo hablar con los profesores si se enteran que el hijo o hija de esa madre, está acosando a otro niño. Y la madre “de segunda” que víctima de sus propios complejos, tal vez evitará tomar medidas en favor de su hijo o hija para no verse apartada aún más del grupo “de cabeza”. O incluso la penalizará por considerarla un problema para su aceptación por el resto de las madres. Y esto tiene una importancia enorme en espacios de relación escolar ajenos al control del profesorado, como es el comedor (en el que las relaciones de unas madres con otras y sus hijos cobra una importancia enorme cuando son estas madres quienes realizan la vigilancia de sus hijos y los de otras y deciden las sanciones –o no sanciones) o las fiestas de cumpleaños.

También podríamos hablar de los valores que cada familia transmite a sus hijos. Si unos padres piensan que cuando su hijo en la intimidad del hogar desprecia a un compañero es una “cosa de niños” y no intervienen, o incluso participan de la gracia, están alimentando un problema que puede llegar a ser gravísimo para el niño que es víctima de acoso.

Son grandes actos de violencia y agresión, y otros actos de violencia verbal, y también pequeñas mezquindades dañinas como acusar al niño de cosas que no ha hecho delante del profesor para mofarse de él cuando es amonestado. Debemos reconocer en nosotros mismos como adultos cualquiera de estos patrones. Hablar con los niños de este asunto. Ellos a su manera ya nos habrán proporcionado parte de la información, escuchemos lo que tienen que decir: solo un niño que se sabe escuchado, contará sus problemas (o los problemas de los que es testigo). Es necesario explicarles que le pasa a un niño que está siendo víctima, aclararles que con su silencio son de algún modo cómplices del agresor, aunque  no se hayan dado cuenta, explicarles que es necesaria la intervención de los adultos implicados (profesores, padres), y que es su obligación moral intervenir aunque sea solamente llamando la atención de los adultos. Si el profesor que vigila en el patio no hace caso, otro profesor o la familia. Que pidan ayuda para el compañero acosado ya que el, muchas veces, está incapacitado no solo para defenderse, sino incluso para darse cuenta de que es lo que está pasando.

Los problemas que tenemos en la sociedad se inician en la infancia. El silencio cómplice se entrena en casos como este. La colaboración necesaria también. Los niños reproducen el modelo que los adultos les mostramos, con exactitud, y ellos son la sociedad del futuro. Si no atajamos las “cosas de niños” y predicamos con el ejemplo, esa sociedad será una copia aumentada de la que tenemos en este momento.

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