Entre capullos y gaviotas/Poder constituyente.

Panem et circenses

… Pero cada vez con menos pan.pan y circo

Los políticos utilizan sus armas para mantener a la sociedad bajo control. Noticias como el debate sobre como se llama el idioma de Aragón, según la parte de la comunidad autónoma, o el cansino e interminable sobre la independencia de Cataluña (por mi pueden independizarse hoy mismo si la mayoría así lo desea) son carnaza que nos echan para que fijemos en ella nuestra atención. Los propios debates absurdos y vacíos de cualquier intención de hallar soluciones reales a los problemas, que tiene lugar en el parlamento nos paralizan como sociedad. Consumen nuestros recursos de debate y pensamiento y los dirigen a callejones sin salida: Rajoy o Rubalcaba ¿qué más da?¿De veras supone alguna diferencia?  Fijan nuestra atención en la superficie de la política, impidiendo que profundicemos y busquemos el origen de los problemas. Viendo que el fútbol ya no es suficiente opio para una parte del pueblo, que insiste en hablar de política, han decidido echarse a la arena a modo de gladiadores de pega para dar el espectáculo de circo que nos mantenga ocupados. Y no queremos darnos cuenta de que la sangre (en forma de “ataques” mutuos, es salsa de tomate. En lugar de mirar espantados a veces, asustados otras, el espectáculo que nos brindan, deberíamos estar rodeando el parlamento nacional, los regionales y los ayuntamientos y no dejar salir de ellos a ningún político hasta que no hayan hecho su trabajo: legislar para defender nuestros intereses, los de los ciudadanos, y sacarnos de una vez por todas de esta miseria. Y a pan y agua.

Cuando recortan lo hacen también de forma que nos divida: quieren hacer creer que los recortes en educación solo competen a la comunidad educativa, o a las familias con niños en edad escolar. O a los estudiantes universitarios. A su vez si faltan recursos para educación, combatirán unos contra otros, los padres a la búsqueda de recursos que les faciliten una educación gratuita: que lo que hay se destine a comedores o libros. Los profesores de primaria a reducir las ratios por aula. Los profesores universitarios a que no se recorten plantillas. En sanidad sucede algo similar: cada colectivo afectado por los recortes sanitarios reclama lo suyo: si hay poco, que sea a otro al que le recorten. A mi me afectan las ambulancias, a otro los recortes en tratamientos de oncología, a otro las prótesis, y cada colectivo traza sus planes para evitar que sea en su área donde se recorte. Y si no hay dinero para todos, yo quiero que me mantengan las prestaciones de desempleo y las ayudas posteriores.

No hemos entendido aun donde está la piedra de toque: son los recursos de todos y cada uno los que están en juego. Eso que están subastando, colegios, hospitales, ha sido construido con nuestros recursos. Da igual si ahora no somos pacientes o no tenemos a nadie estudiando. Solo hay una posibilidad de vencer y es que todos nos demos cuenta de que todo es que están destruyendo es nuestro: de todos los ciudadanos. Y que hemos de defenderlo como patrimonio popular, en conjunto. Sin permitir que quede nada por el camino. Solo medidas que vayan dirigidas a monitorizar en que se gasta el dinero de todos y a poner el interés de los ciudadanos por delante del interés de las grandes fortunas, serán exitosas a largo plazo.

Si no hay dinero para todo es porque nuestros políticos, además de lo que han robado y siguen robando para su bolsillo, nos han robado la soberanía popular. Han enmendado nuestra constitución para hacer que el pago de una deuda ilegítima esté por encima de todos nuestros derechos. De todo aquello que nos hacía una sociedad un poco menos injusta. Han vulnerado su  mandato de velar por nuestro bienestar, para dejar claro que están al servicio del capital que es quien les da empleo cuando cesan en sus cargos políticos.

Hace poco un amigo me hizo un comentario acerca de Zapatero “que prometió 400 euros a todo el mundo sin saber de dónde iban a salir”. Me dio mucho que pensar, porque yo quiero más aún: quiero una renta básica que cubra al menos el umbral de la pobreza para todo el mundo, no solo para quien haya consumido su prestación por desempleo, sino para cualquier ciudadano. Y sin embargo entiendo que mi amigo tiene razón. Y el problema no es la parte de prometer los 400 euros, sino la parte de no haber buscado de donde iban a salir. Los 400 euros, no han sido una medida de redistribución de la riqueza porque simultáneamente el mismo gobierno redujo los impuestos a las grandes fortunas, reduciendo el impuesto de sociedades, permitiendo que continuara sin cobrarse el impuesto de patrimonio, eliminado por el anterior gobierno, y porque no adoptó medidas que estaba en su mano adoptar como la imposición de un impuesto sobre las transacciones financieras (la tasa Tobin), no persiguió el fraude fiscal, dio ayudas multimillonarias a la industria del automóvil y a la industria de la construcción. Las razones son evidentes: cualquiera de estas medidas le habría impedido pasearse del brazo de Botín por las alfombras del mundo. Por tanto, aunque maquillada de política social, la medida resultó suponer una voladura controlada del sistema económico. Y no olvido que fue el gobierno de Zapatero quien emprendió la reforma del artículo 135 de la constitución que nos puso la soga al cuello definitivamente. En cualquier caso lo que demuestra es que esto no es la izquierda contra la derecha, sino los de arriba incluyendo toda la casta política, contra los de abajo. Que los ciudadanos no podemos dividirnos en Rajoy y Rubalcaba, porque son lo mismo. Porque la socialdemocracia así entendida es para los derechos de los ciudadanos tal vez un cáncer aún más grave que la derecha, por lo que tiene de “gatorpardiana” (lease, engañabobos)

Por todo ello es casi comprensible la reflexión de la gente que pensó “para hacer política de derechas, mejor un partido de derechas”.

No he escuchado aún a ninguno de nuestros políticos reclamar alguno de los siguientes puntos:

–          Una nueva constitución que ampare de forma efectiva y no solo de palabra los derechos de los ciudadanos, que nos de herramientas para poder intervenir sobre los legisladores, exigirles responsabilidades y blinde el acceso a la política a los corruptos.

–          Una auditoría de la deuda con el fin de rechazar aquella que haya sido generada por una mala gestión de los recursos, por actos corruptos o aquella parte cuyo pago ponga en dificultad el mantenimiento de una vida digna, fuera del  umbral de la pobreza para cada ciudadano de este país.

–          Una ley de transparencia que sea real y ponga al alcance de los ciudadanos conocer cómo se usan todos y cada uno de los euros de dinero público.

¿Y por qué no nos dicen esto, que nos dejaría dinero suficiente para mantener todos los servicios sociales universales y gratuitos? ¿Por qué los que hablan de auditoría o constitución nuevas no incluyen el término “ciudadano”? Porque son todos políticos. Porque los políticos siempre legislarán para los políticos. Porque si hacen una constitución será para ellos y si hacen una auditoría no será tan profunda como la haría la ciudadanía. Porque todos están vendidos a los mismos o parecidos intereses: los suyos propios, los que les mantienen en el poder.

Sólo luchando unidos por  nuestros recursos tenemos alguna posibilidad de vencer. Luego, una vez que se haya logrado el control real del pueblo soberano sobre la política y la economía del país, llegará el momento de repartir. Pero antes de defender nuestros intereses personales, debemos pensar en defender lo que es de todos. Desgraciadamente estamos lejísimos de que la mayor parte de la gente tome conciencia de que esto es así. Y es altamente improbable que una sociedad (en la cual me incluyo) que entra al trapo de todos los conejos que salen de sus chisteras. Que ya estamos lejos de ser una sociedad crítica o comprometida y cuando estas medidas de precarización social, cultural y laboral profundicen seremos, como dice un amigo mio, un yermo donde la inteligencia habrá sido extirpada como la mala hierba.

“Hay gente que aún se preocupa del color de la cocina” dice Elliot Ness en la película. Es una frase que refleja la sensación que tengo a veces de vivir en un universo paralelo cuando veo a mi alrededor la superficialidad, la despreocupación (criticar al gobierno no es preocupación) y la inacción. A pesar de todo,  algunos seguimos pensando que merece la pena moverse y tratar de hacer un cambio con nuestra forma de vivir. Y dado el empeño que ponen en perseguirnos, agredirnos e insultarnos, cualquiera diría que de verdad nos temen. Supongo que es un número más del circo.

Panem et circenses: expresión acuñada por el poeta Juvenal (el mismo de quis custodiet ipsos custodes ipsos custodes)

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