Entre capullos y gaviotas/Inspiraciones

Mariano de Oz

Autora: Sole González

Había una vez un país que confió su destino a quien se presentó a sí mismo (mejor dicho, fue presentado con el dedo por su antecesor) como el grande y poderoso mago Mariano de Oz, único capaz de salvar a los habitantes de aquellas tierras de los peligros que les acechaban.

marianodeoz

Gracias a V por el fotomontaje

El mago Mariano, consciente de que debía alimentar un personaje que estaba alejado de su verdadera naturaleza, que no era el ser todopoderoso que pretendía aparentar, optó por aparecer distante, lejano. Mejor – se dijo a sí mismo – que no sepan la verdad. Que hable la Dolores. Si no hablo, no lo estropeo, y cuando haya que hablar porque no quede otro remedio, que parezca que les estoy haciendo un favor. Durante mucho tiempo estuvo escatimando apariciones en público. Y las que hacía eran en forma de palabra divina sin posibilidad de ser cuestionado por los periodistas. Un buen día, en una vuelta de tuerca a su imagen todopoderosa y distante, decidió hablar a sus súbditos desde una pantalla, haciendo uso del abracadabra del streaming… redoble de tambores, humo en el escenario: el culmen del endiosamiento.

Durante su mandato, de grado (sus 10,8 millones de votantes) o por fuerza (los 36 millones de habitantes del país restantes) venían siguiendo un recortado (que no recoleto) camino de baldosas amarillas, en pos de ver cumplidos sus sueños, en busca de la salida del tornado que les había conducido hasta allí. Parecía el camino del Calvario, aunque les habían prometido que conducía a la el mago de oz baldosas amarillasciudad esmeralda donde todo era crecimiento, prosperidad y empleo. Pero aquella senda estaba custodiada por la bruja mala del norte (de Europa) y sus secuaces monos voladores.

El mago, presto a salvar su propio trasero (y la zona aledaña, donde solía llevar la cartera), no tenía ninguna intención de poner en riesgo su persona enfrentándose con ellos para salvar a los ciudadanos. Más bien envió a aquellas pobres gentes a luchar escatimándoles cualquier ventaja, privándoles de todo aquello que podía hacerles sentir fuertes y tratando de dividirles, haciéndoles creer que la culpa de los peligros que corrían era de una parte de los ciudadanos, que no había actuado con responsabilidad para con el resto o del gobierno anterior o del aciago destino que se disfrazaba de ruleta rusa presupuestaria, sin que él tuviera posibilidad de reconducirlo.

Pero en algún momento, aquellas personas comenzaron a sospechar (algunas, otras ya lo sospechaban de antes, pero wizard-of-oz-man-behind-the-curtain1empezaba a acumulárseles la evidencia) que el tal mago no era sino un fantoche, escondido detrás de un complicado protocolo, con varias filas de acólitos que le defendían del contacto con el populacho insaciable, manejando torpemente las palancas de su destino tras no una, sino varias cortinas…. De humo.

Descubierto el engaño, sin dudar el embaucador intentará una huida elegante, subiendo a los cielos en globo aerostático. Bien sabido es, no obstante, que para algunos de estos hechiceros, elevarse majestuosamente a las alturas no siempre tiene el deseado punto de glamour al final del trayecto. A veces, recuerdan los viejos del lugar, el mago de oz en globo helicopterocuanto más alto sube uno, más gorda es la caída.

Es de esperar que tras un primer momento de estupor, una vez caído el velo (y si es posible, el embaucador con todo su equipo), aquellas buenas gentes vayan tomando conciencia que los deseos que le habían pedido al mago pueden hacerlos realidad ellos mismos. Que el valor, la inteligencia y el corazón están dentro de cada uno de ellos y que no precisan pedir a nadie lo que quieren, puesto que entre ellos se pueden organizar para conseguirlo. Que no merece la pena esperar a que nadie, y menos un aprendiz de brujo presuntuoso, se lo proporcione desde fuera.

Y que los zapatos de rubí que la bruja mala del norte pretende arrebatarles son sus recursos, su posibilidad de gestionar sus vidas con libertad, la posibilidad de una vuelta al hogar si lo desean con la fuerza suficiente y golpean los tacones. Mejor aún si golpean con los talones en el trasero de aquellos que pretenden hacerles creer lo contrario.

el mago de oz zapatos de rubí

RECOMENDACIÓN: Si no entiendes algunas de las metáforas, tal vez es porque no conoces el libro “El mago de Oz” publicado en 1900 por L Frank Baum. Y si no reconoces las imágenes, es que no has visto la película del mismo título, producida por la Metro Goldwin Meyer en 1939, y protagonizada por Judy Garland con su inolvidable banda sonora. Te recomiendo todo ello encarecidamente, puesto que a veces como mejor se ven las cosas es con los ojos de un niño.

4 pensamientos en “Mariano de Oz

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