De mi cosecha

Copago y repago….. si tienes la suerte de que te atiendan.

Esto es: si no estás incluido en alguno de los sectores sociales que quedarán fuera del sistema sanitario, o si lo que necesitas no es una de las prestaciones que quedarán fuera de la cartera de servicios.

En los presupuestos generales del estado para el próximo año, el recorte previsto en sanidad es del 22,6%: el mayor de todos los ministerios. En dinero: 70 millones de euros menos que el año pasado. Casi la cuarta parte de lo presupuestado en 2012. De todos modos, este es el recorte presupuestario, no el que percibe la ciudadanía. Los usuarios (potencialmente todos …. los que aun conservamos este derecho), además de ser víctimas de lo que se va a gastar de menos, lo seremos de lo que se quiere recaudar de más: el copago farmacéutico y el “euro por receta” que se va extendiendo de comunidad en comunidad. Y no vamos a notar cambios solo en nuestras carteras. Incluso aquellos que se creen “a salvo” de la debacle en la sanidad pública simplemente porque pueden pagarse la asistencia privada (ese 25% que se niega a pagar más impuestos y acercarse así a la media de tributación de las rentas mas altas en europa), también se verán afectados por cosas tan exóticas como el incremento exponencial de determinadas enfermedades que creíamos prácticamente erradicadas, como la tuberculosis o el sarampión, que se propagan rápidamente en las sociedades en las que hay nichos de población excluidos del sistema sanitario. Y además se verán más afectados aun cuando en vez de operarse unos juanetes tengan que hacerse un trasplante de hígado (o de estómago, o de cerebro o de corazón, que harían mucha falta a muchos poderosos, pero que gracias a Mariló Montero ya sabemos que, de ser posibles, no les servirían para mejorar nada) y descubran que para eso no hay servicios “de pago”. Afortunadamente aun nos mantienen igualados las enfermedades muy graves, rechazadas por la sanidad privada por no ser rentables. Ya lo decía Jorge Manrique en las coplas por la muerte de su padre: allí los ríos caudales, allí los otros medianos e más chicos, allegados, son iguales los que viven por sus manos  e los ricos. Sé que esto último dista de ser del todo cierto, pero dejadme que finja que conservo un punto de ingenuidad.

Aun no está claro todo el recorte que se llevará a cabo. Falta por conocer que dedos le van a cortar a la cartera de servicios, están deshojando esa margarita. Pero las medidas que se han tomado ya hasta la fecha, responden cada una a una falacia diferente. Mentiras, que, como diría Goebels, de tan repetidas parece que ya son verdades:

1.- Nuestra sanidad pública recibe una financiación excesiva: el porcentaje respecto al PIB es casi la mitad que en EEUU teniendo este país una contribución privada elevadísima. Dentro de la Europa de los 15 somos el país que dedica menos porcentaje del PIB a sanidad pública y el que más dedica a la privada. Y este diferencial se incrementará más en los próximos años con el deterioro de la calidad asistencial del sistema nacional de salud.

2-. La sanidad privada es más eficiente que la pública: Derivamos pues recursos del sistema hacia la sanidad privada, con la excusa de “aprovechar la crisis para implementar medidas que aumenten la eficiencia” (dicho hoy por el presidente no electo de la comunidad de Madrid, menos mal que se van quitando la careta y dan pistas del verdadero objetivo de las reformas). Esto se ha hecho ya en otros países en similares circunstancias: en Italia cuyo sistema era muy similar al nuestro, se hizo en la década de los 90, pasando el dinero “sanitario” destinado a la pública de un 80 a un 72%, e incrementándose el dinero destinado a la privada en la misma medida. Analizados los resultados de tales disposiciones en un artículo publicado en la revista Journal of Epidemiology and Comunity Health encontraron significación estadística en la reducción de la mortalidad evitable (aquella que no debería producirse en presencia de una asistencia sanitaria adecuada) con mayores porcentajes de dinero invertido en sanidad pública, y un incremento de esta misma mortalidad con porcentajes mayores empleados en financiar sanidad privada. Los autores calcularon que cada 100 € invertidos en la sanidad pública se asociaba con un 1,47% de reducción de la mortalidad evitable. Inglaterra es otro país europeo en el que un modelo de sanidad pública universal se ha hecho derivar hacia un modelo semiprivado en pro de una presunta mejora de la eficiencia (hay que reconocer que no gastan en buscar disculpas novedosas). En un estudio publicado en 2008 se reveló que los intereses derivados de la atención a pacientes en la sanidad privada eran el doble de los que se generaban en la sanidad pública (8% frente a 4,5%). Y por último un ejemplo cercano, de la comunidad de Madrid: según las estimaciones de la Federación de Asociaciones en Defensa de la sanidad Pública, el gasto de los primeros 7 hospitales públicos gestionados por empresas se ha disparado: la deuda a saldar en los próximos 30 años asciende a los 4280 millones de € y las empresas han reclamado ya que la cuota anual se incremente en 9 millones. Se han sobrepasado los presupuestos pactados. Es lógico: una empresa privada sanitaria es, habitualmente, una sociedad anónima en cuya escala de valores el reparto de beneficios va por delante de la calidad de la asistencia sanitaria. Es necesario recordar que la salud es, desde hace años, una de las industrias más lucrativas del mundo, por ser un campo de alta tecnificación y cualificación, con un incremento del gasto por encima de la media de otros sectores.

De todo lo antedicho se deduce que la deriva de fondos públicos hacia un sistema privado o semiprivado o de gestión privada, incrementa el gasto y empeora los marcadores de resultados. Eficiencia: Capacidad de disponer de alguien o de algo para conseguir un efecto determinado. Está claro cual es el efecto que se persigue, aunque no lo declaren: empeorar la sanidad pública para que la gente se vaya sola a ser atendida por empresas privadas.

Con esta deriva hacia sistemas mixtos publico-privados, se da cabida a situaciones anómalas como la existencia de habitaciones para pacientes privados en hospitales dotados con dinero público. Es decir: personas que se saltan las listas de espera pagando, pero son ingresadas en hospitales públicos con la comodidad de la privada y la calidad asistencial de un hospital público (véase el ingreso del Rey en el Clinic de Barcelona)

Y como asunto colateral está el hecho de que junto con el paciente, se derivan a la privada todos sus datos de carácter personal a estas empresas privadas.

3-. Los pacientes son unos irresponsables que acumulan millones de medicamentos en sus casas a expensas del dinero de todos los españoles (y esto es una medida disuasoria de tal barbaridad) tanto el copago farmacéutico como el euro por receta son medidas que se imponen sobre recetas extendidas por un médico, y no sobre medicamentos que el paciente adquiere sin receta. Quiere esto decir que en el mejor de los casos el que es un irresponsable (hablaremos de esto más adelante) y receta cosas que el paciente no necesita es el médico. ¿Por qué hacer pagar a los pacientes la presunta irresponsabilidad del médico? Pero por otra parte, son tasas, ambas, que recaen sobre una parte especialmente vulnerable de la población. El mito del ejecutivo rico pero presa del estres y la enfermedad cardiovascular hace tiempo que ha caído: se enferma más (más recetas) cuanto más abajo se está en el orden de ingresos. Las poblaciones con menor renta acumulan las mayores tasas de enfermedad, resultando que gravar las recetas es por tanto especialmente injusto.*

4-. Los médicos son unos irresponsables que recetan al paciente cosas que no necesita “para quitárselo del medio”: esto formaría parte de un capítulo que merece un artículo por si solo: si deterioras la imagen de los médicos de la sanidad publica lo suficiente (campaña que está en marcha desde hace tantos años que no recuerdo el comienzo), los pacientes no lucharan por una sanidad publica de calidad, sino porque les deriven a la privada. Seguramente existe la posibilidad de fiscalizar este capítulo. Bastaría con una inspección sanitaria que se dedicara por ejemplo a observar grandes desviaciones de la media: un médico que receta determinado medicamento muy por encima de los especialistas similares a el o que a parecido número (y calidad) de pacientes atendidos receta en mucha mayor cuantía. Pero no, la intervención se ha hecho de otra forma: no cobras tu productividad si no recetas determinado porcentaje de genéricos. ¿A nadie le llama la atención la protección oficial del genérico? Al fin y al cabo muchos ya no son más baratos que su equivalente “de marca” (por sencillas razones de mercado), incluso algunos son mas caros. Las empresas que los venden son tan farmacéuticas como las otras, no son ONGs. Son medicamentos fabricados en países donde los controles sanitarios no siempre son ideales (recuerdo los muertos en EEUU por una partida de heparina genérica, de la cual parte tuvo que ser retirada en nuestro país). ¿A que tanto interés? Por lo general cuando observo una campaña tan feroz en defensa de algo no muy razonable me pregunto quien se está enriqueciendo con ello. Se podría premiar (productividad) por ejemplo a los médicos que tienen estancias medias más cortas con menor tasa de reingresos, por supuesto, dado lo caro que es cada día que un paciente pasa en un hospital. Por hacer las pruebas en régimen ambulatorio si es posible y no ingresando, a los cirujanos con menores tasas de infecciones postquirúrgicas….. pero no… a los médicos que hacen todo esto fenomenal pero NO recetan determinado porcentaje de su prescripción en forma de genéricos, no se les paga productividad. Sospechoso.

5-. Los extranjeros abusan de la sanidad publica española: cierto, llevan décadas haciéndolo. Pero no los extranjeros irregulares que vienen (venían) en busca de una vida mejor, sino los europeos que en sus vacaciones jubilares, prefieren operarse en nuestro (ex) estupendo sistema sanitario donde no se les ponen trabas absurdas por tener mas de 75 años o no haber dejado de fumar para operarse del corazón. Intervenciones caras, de larga estancia hospitalaria que durante décadas nadie se ha preocupado de facturar a sus países de origen, aquellos en los que tributan. Los inmigrantes de otro tipo suponen según todas las evidencias una carga minúscula para el sistema de salud: si enferman suele ser de algo leve y aquellos afortunados que tienen trabajo (pero sus empleadores no tienen el detalle de cotizar por ellos ni de pagarles un sueldo digno) procuran no ir al medico para no faltar y que no les pongan de patitas en la calle. Han dejado fuera, de paso, a otros colectivos muy especialmente desfavorecidos: jóvenes desempleados, que con 26 años ya no podrán estar en la cartilla de sus padres, parados de larga evolución… estas personas tendrán que justificar que carecen de recursos para poder pagarse la asistencia. A estas personas se les da como alternativa, no una tarjeta sanitaria, sino un documento que les acredita como pobres oficiales, a los cuales se les hace la “merced” de atender.**

En definitiva, y además de todas estas falacias, lo peor del decreto sanitario es que ha conseguido terminar con uno de los pilares de nuestro sistema de salud: la asistencia asociada a la ciudadanía y no al aseguramiento. Con lo cual se ha puesto la primera piedra de la división en una sanidad para los privilegiados que están asegurados y una sanidad de beneficencia. De momento serán atendidos en los mismos centros, pero, y no tengo miedo a equivocarme, esto es solo el primer paso hacia la separación por clases de los enfermos en centros diferentes.

Lo peor no es el gasto sanitario que se está recortando de hecho, sino las reformas legislativas estructurales que se están llevando a cabo y que terminarán en poco tiempo de destruir irreversiblemente la sanidad pública. Al tiempo….

 

AUTORA: SOLE GONZALEZ MENDEZ

Datos extraídos de www.gerentedemediano.blogspot.com , http://www.attacmadrid.org/?p=7422 , http://www.vnavarro.org/?p=6494

*Como objetar al euro por receta:  http://www.ccoo.cat/pdf_documents/2012/CCOO_Info_Euro_x_receta_cast.pdf

**Como objetar, pedir ayuda o colaborar en casos de inmigrantes sin papeles o personas que han perdido derecho a tarjeta sanitaria: http://yosisanidaduniversal.net/portada.php

UNA NOTA: para justificar la incoherencia personal. Los que me conoceis y sabeis a que me dedico supongo que a estas alturas os estareis revolcando de la risa o poniendome cual chupa de dómine por hipócrita. Para los que no: soy médico y ejerzo en la medicina privada. Para más “inri”: atiendo pacientes de la seguridad social que me derivan a través de un concierto. Esto, y el haber pasado algunos años en la sanidad pública, creedme: me da una visión multiangular del asunto. En mi descargo tengo que decir que: soy absolutamente escrupulosa en no hacer diferencias ni de trato, ni de criterios clínicos entre pacientes privados o públicos. Jamás informo de mi ejercicio privado a los pacientes que llegan a mi consulta procedentes de la sanidad pública ni mucho menos les ofrezco servicios que no cubre la seguridad social. Si me preguntan ellos, les digo que pidan cita para otro día. Y desde luego me guardo cuidadosamente sus datos mientras son mis pacientes y al acabar el tratamiento los devuelvo a la seguridad social. A diferencia de las empresas, yo no soy una sociedad limitada y mi riqueza personal, me la trae al pairo hace tiempo. En realidad si me importara algo, yo debería ser votante del PP para proteger mis intereses. Yo preferiría trabajar en la sanidad pública: siempre he creido, y sigo creyendo, firmemente en ella. Pero no a costa de aceptar cualquier contrato indigno (y no hablo de dinero). Y en esta provincia no existe mi especialidad en la sanidad publica. Los pacientes, antes de mi llegada, eran derivados a otra, generandose asi una lista de espera eterna, y los perjuicios evidentes por el desplazamiento. Sirva esto como disculpa, cuando menos ante mi misma.

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